A 10 años de la Ley de Matrimonio igualitario

Por Natalia Kerszberg, miembro de AAJRA

Hace 10 años, una noche fría de un jueves, previo a la feria judicial, la Plaza del Congreso, por primera vez se llenaba de colores. Estas convocatorias, hoy nos parecen naturales: cada tres de junio marchamos para decir basta de femicidios y violencia hacia las mujeres, y hace menos de dos años, flameábamos pañuelos verdes exigiendo derechos, autodeterminación y libertad.

Estas manifestaciones sociales, convocatorias de jóvenes, generaciones de mentes más abiertas y comprometidas con los derechos humanos, hoy son parte de nuestra agenda. No lo eran hace 10 años. Cuando todo comenzó. ¿Por qué nos marcó tanto como país y sociedad la ley de matrimonio igualitario? ¿Sólo representa el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse?

La sanción de leyes con tanto impacto social suele esconder un transfondo de tironeos y canjes políticos. Así sucede en todos los sistemas parlamentarios y banderas partidarias. Resultaría ingenuo creer que el único motor que mueve este sistema, responde a intereses sociales o al normal avance de las estructuras familiares. Sin embargo, la respuesta e impacto que estas leyes generan, sí son genuinas y reales.

Pasaron sólo 10 años, pero a la vez, es impensable imaginarnos a nuestro sistema jurídico sin matrimonio igualitario, y al derecho, sin el eje del principio de no discriminación como rector de las relaciones jurídicas en ámbitos privados y públicos. La orientación sexual, es sólo uno de los aspectos de la sexualidad. La igualdad de las personas de diversas sexualidades, ha sido introducida en la agenda de derechos humanos, replanteando la heteronormatividad como elemento común de las personas.

El reconocimiento del matrimonio igualitario en nuestro país y en el mundo, nos ha dado gran satisfacción en los últimos años y esperanza de eliminar las barreras y patrones discriminatorios existentes, a pesar de que, en aquel momento, aún no se habían modificado otras instituciones del derecho de familia, generando lagunas e inconvenientes para la interpretación de normas igualitarias en una legislación conservadora.

La ley de matrimonio igualitario dio pie a más actuaciones, reclamos y debates, que impulsaron las nuevas normas que hoy nos gobiernan. El hecho histórico que marcó el comienzo de este proceso de humanización de las relaciones de familia, ocurrió esa recordada madrugada del 15 de julio del 2010, y continuó dos años después con la sanción de la Ley de Identidad de Género, y 5 años después, con la entrada en vigencia del Código Civil y Comercial.

Así, las normas igualitarias pudieron comenzar a tomar efectividad en el derecho privado, apartándose del histórico modelo heteronormativo y adaptando el Código de fondo a los nuevos modelos de familias. Esto también tuvo un fuerte impacto a nivel regional en poco tiempo, instalando y revalorizando la temática en la agenda política de los distintos países latinoamericanos.

Estos asuntos que tradicionalmente eran reservados a la esfera privada, comenzaron a tener una progresiva legitimación de su tratamiento y debate en el espacio público, en las plazas, en las escuelas, universidades, movimientos juveniles comunitarios y en las mochilas plagadas de pañuelos de colores. El valor simbólico de esta ley, representa mucho más que el derecho al matrimonio y a formar una familia.

Hoy festejamos 10 años de un enorme avance en el sistema jurídico argentino y regional, en el reconocimiento y respeto de derechos y en los constantes desafíos para convertir la igualdad, en una realidad. Y los pañuelos, en leyes.

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