China: no es racismo, es justicia

Agustín Ulanovsky (Abogado UBA, Magister en Relaciones y Negociaciones Internacionales FLACSO/UdeSA y Doctorando en Derecho Internacional UBA) es miembro de la Asociación y escribió lo siguiente respecto a la responsabilidad internacional de China con el brote del nuevo Coronavirus.

Altanero, misógino y supremacista, Donald Trump no es alguien que me despierte demasiada simpatía. Sin embargo, se equivocan quienes lo critican cuando se refiere al nuevo Coronavirus (COVID-19) como el “Virus Chino”, incluso la Organización Mundial de la Salud que le ha contestado que “es racista y que no debe relacionarlo con una nacionalidad”.

Entiéndase mi punto; el foco no son las personas de origen, ascendencia y/o rasgos chinos, muchos de los cuales ya son víctimas de los prejuicios y bronca de sociedades atemorizadas alrededor del mundo (vaya a ellos mi solidaridad), sino el Estado chino. Entonces, el eje de discusión debería ser el Derecho Internacional y uno de sus capítulos más importantes: la responsabilidad internacional.

Más allá de ciertas teorías conspirativas (que el gobierno chino busca interesadamente impulsar), hay coincidencia en que el origen de esta dramática pandemia fue la venta de animales exóticos para consumo humano y/o medicinal en una feria en la ciudad china de Wuhan. Pruritos culturales al margen, quienes compraron y consumieron carne de algún animal infectada por carne de murciélagos, serpientes u otros seres exóticos habrían iniciado esta tragedia.

A pesar de antecedentes como la epidemia del SARS, de que esta práctica era pública y abierta y de los sabidos riesgos epidémicos que ésta conlleva, mercados como el de Wuhan se desarrollaban por todo el país sin mayores controles del gobierno. Ya desatada la crisis, más expuesto quedó la desidia gubernamental en el apuro para prohibir temporalmente “la mala costumbre de sobreconsumir animales salvajes” y en la admisión del Director del Centro Nacional de Control y de Prevención de Enfermedades, Gao Fu, de que la fuente de la crisis había sido las ventas ilegales en Wuhan. A confesión de parte…

El resto es historia conocida: el brote inicial fue inicialmente acallado y manipulado por las autoridades chinas, lo que redundó en que el virus se fuera expandiendo por todo el mundo, provocando una crisis global inédita y una notable cantidad de muertos, infectados y crisis económicas, cuyo desenlace es aún imposible prever.

Ahora bien, siendo que los gastos en materia sanitaria y las pérdidas económicas que deberá afrontar cada uno de los Estado del mundo para hacer frente a esta pandemia serán enormes, ¿no corresponde que el Estado chino asuma cuanto menos alguno de estos costos?

El Derecho Internacional Público es claro; todo acto, omisión o aquiescencia atribuible a un Estado que viola una obligación internacional, que ocasiona un daño (material o moral) y en el que la relación causal queda establecida debe ser reparado. De nada importa si dicho hecho fue doloso o culposo ni que el Estado haya empleado posteriormente precauciones para tratar de evitar el daño, éste no puede deslindar su responsabilidad internacional y debe subsanarlo.

Las obligaciones internacionales que directamente e indirectamente obligan a los Estados en materia sanitaria son tantas y tan obvias que me permito en esta oportunidad no detallar. Por eso y dada la creciente gravedad de esta pandemia, no sorprende que las autoridades chinas hayan intentado en los últimos días esquivar su responsabilidad y desviarla hacia una presunta campaña de difamación de Washington, al que incluso acusan de haber inoculado el virus.

Por mi parte, no existen dudas que, de demostrarse que el origen de la pandemia es atribuible a las faltas de control de tipo sanitario del gobierno chino y/o a su manejo inicial del brote, éste debería asumir la responsabilidad internacional y reparar tamaña tragedia. Sin embargo, la geopolítica no da buenos augurios: China tiene un peso enorme por ser la segunda economía más importante del mundo, por ser miembro permanente con poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y por la gran cantidad de Estados que lo tienen como principal acreedor, empezando por los propios Estados Unidos (mal que le pese a Donald Trump).

Y mientras tanto yo escribo y vos lees esto en cuarentena, con temor por nuestros hijos y con la sensación de que ya nada será igual.

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